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El Elfo del Rosal

El Elfo del Rosal comienza con un rosal hermoso en el centro del jardín, y en su mejor rosa, vivía un diminuto elfo, tan pequeño, que ningún ser humano podía verlo. Pasaba el día disfrutando del sol y volando de flor en flor. Bailaba y recorría los árboles y sus hojas.

Cuento El Elfo del Rosal

Un día, se entretuvo más de lo debido y se le hizo de noche, cuando el elfo llegó a su rosa, encontró que estaba cerrada y no pudo entrar. Se asustó, pues nunca había salido de noche. Buscó otra rosa, pero todas estaban igual. Fue entonces a la glorieta que estaba al otro extremo del jardín, allí había una madreselva que podría refugiarlo.

Al llegar a la glorieta, pudo ver a una pareja joven que se besaba de despedida.

– No quiero partir, pero tu hermano me envía más allá de las montañas y los mares, en una misión. Quisiera que nunca tuviéramos que separarnos.- decía el joven.

La muchacha llorando, tomó una rosa, la besó con pasión y la rosa se abrió, lo cual aprovechó el elfo para introducirse en la flor. La joven prendió la rosa al pecho del amado y el elfo pudo oír su corazón acelerado mientras se marchaba.

Cuando se había alejado, le salió al paso el hermano de la muchacha, que clavó un puñal en el pecho del enamorado, que cayó muerto al instante. Luego, cortó su cabeza y la enterró junto al cuerpo bajo el tilo, y se marchó triunfante, seguro de que su crimen jamás sería descubierto.

El asesino llevaba compañía, pues el elfo había caído sobre su cabello, envuelto en una hoja seca del tilo. El elfo estaba aterrado y furioso por el crimen que había presenciado.

Llegó el criminal a su casa y fue a ver a su hermana dormida, para disfrutar de su triunfo. Cuando se inclinó sobre ella para verla, la hoja seca cayó sobre la almohada sin que lo notara.

Cuando el hombre se retiró, el elfo salió de la hoja y se introdujo en el oído de la joven dormida, en sueños le contó sobre el asesinato y le dio todos los detalles. Para que no dudara de lo que había oído, le habló del tilo bajo el cual yacía el cadáver, y que dejaba una hoja seca sobre su almohada.

Al despertar, la muchacha encontró la hoja del tilo y rompió en llanto inconsolable.

El elfo se sintió tan conmovido que se quedó a vivir en el rosal de Bengala que estaba junto a la ventana, para estar cerca de ella.

La desconsolada joven, no se animó a decir palabra al hermano, a pesar de sus visitas insistentes. Al anochecer, se escabulló hasta el jardín, llegó hasta el tilo y excavó con sus manos la tierra removida. Al ver el cuerpo del amado, suplicó al cielo, le concediera la muerte.

Como no podía llevarse el cadáver a su casa, tomó la cabeza inerte y la besó. La llevó hasta su cuarto, donde la colocó en una maceta. La cubrió con tierra y plantó en ella una ramita de jazmín que recogiera en la sepultura.

El elfo, abrumado por tanto dolor, retornó a su rosal. Cada mañana, llegaba volando a la ventana de la desdichada y la encontraba llorando sobre la maceta. Las lágrimas caían sobre la ramita de jazmín, que crecía lozana, mientras la joven se marchitaba. Brotaban nuevas ramas y capullos blancos.

El hermano la increpaba por su conducta, pues ignoraba lo que ocurría.

La muchacha caía dormida sobre la maceta y el elfo se deslizaba en su oído para contarle sobre las flores y el amor, y ella tenía dulces sueños.

Un día, pasó de un sueño al otro. Murió finalmente, librándose del malvado hermano, quien se apoderó de la planta y la llevó a su habitación.

El pequeño elfo siguió a la planta, preguntando a las almitas de las flores si conocían lo que había ocurrido. Éstas le respondían afirmativamente.

El duendecillo no se conformaba con la pasividad de las flores y fue con las abejas para contarles la triste historia. La reina de las abejas ordenó que se diera muerte al asesino y salieron todas junto al elfo para vengar a los enamorados.

Antes de que llegaran, el mal hermano dormía junto al jazmín. Se abrieron de pronto todos los cálices, salieron las almas de las flores y le implantaron sueños de pesadilla en sus oídos, luego le hirieron el la lengua con flechas venenosas. Para cuando llegó el elfo con sus abejas, el hermano estaba muerto y los humanos estaban enterados.

El elfo entendió la venganza de las flores y se la explicó a la abeja reina. Todo el enjambre revoloteó en torno a la maceta, sin que pudieran espantarlas. Entonces, un hombre levantó la maceta para sacarla, pero fue picado en una mano y dejó caer la maceta, con lo que apareció el cráneo y con él se develó el secreto.

La reina de las abejas cantaba la venganza de las flores y el descubrimiento del elfo.