Cuando los griegos incorporaron la Esfinge a su Mitología, le dieron un carácter diametralmente opuesto al que tenía en Egipto. Allí, era un dios bueno y protector; aquí, una bestia maligna.

Algunos autores la creen hija del matrimonio entre Equidna y Tifón y otros sostienen que era el fruto del incesto entre Equidna y su hijo Ortro, el perro de Gerión.

   La diosa Hera, envió esta malvada criatura contra la ciudad de Tebas como castigo a su rey, que la había ofendido en el pasado.

La Esfinge se estableció en el monte Fici, muy cerca de la ciudad tebana y allí ordenaba a cuantas personas pasaban ante ella, que descifraran un enigma tan difícil que nunca lograban resolver. Entonces la Esfinge se lanzaba contra ellas, las estrangulaba con sus terribles garras y las devoraba.

Creonte, rey de Tebas, ofreció entregar su corona y la mano de su hermana, la princesa Yocasta, a quien consiguiese librarles de aquel monstruo que destrozaba tantas vidas.

Edipo aceptó enfrentarse a la Esfinge que le propuso el enigma. La Esfinge preguntó: "¿Quien es el ser dotado de una sola voz que tiene cuatro patas por la mañana, dos al mediodía y tres por la tarde?"

  La respuesta de Edipo fue esta: "Es el hombre. De  pequeño, se arrastra sobre sus brazos y piernas; cuando es adulto anda sobre sus dos pies y cuando llega a la vejez, necesita la ayuda de un bastón".

 La esfinge enfureció e intentó matar a Edipo, pero una vez resuelto el enigma no le quedaba ningún poder. Vencida, se arrojó al mar desde lo alto de una roca y murió  ahogada en las profundas aguas.

       

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